El fin de la "ternura" viral: PETA demanda el traslado urgente del macaco Punch a un santuario

¿Ternura o maltrato? PETA demanda el traslado del mono Punch tras revelarse el oscuro trasfondo de sus videos virales con un peluche. Lee los detalles.

Por Mario Victorino

 

Lo que comenzó como un clip "adorable" de pocos segundos en TikTok e Instagram se ha transformado en una batalla legal de escala internacional. El protagonista es Punch, un joven macaco japonés residente del Zoológico de Ichikawa, cuya imagen abrazando un peluche de orangután dio la vuelta al mundo. Sin embargo, para los expertos en comportamiento animal de PETA, esa imagen no es más que el síntoma de un trauma profundo que requiere intervención inmediata.

 

El origen de la polémica: Un huérfano entre cemento

Punch nació en un entorno que, desde el principio, fue hostil. Tras ser rechazado por su madre biológica debido a complicaciones derivadas de una ola de calor extrema, el personal del zoológico decidió entregarle un muñeco de felpa para suplir la falta de contacto físico.

Si bien los visitantes celebraban ver al pequeño primate aferrado al juguete, especialistas en primatología advirtieron rápidamente que este "apego sustituto" es una respuesta clínica al aislamiento social. En la naturaleza, un macaco de su edad pasaría el 90% del tiempo en contacto directo con el pelaje de su madre o interactuando con sus pares. Para Punch, el peluche es su único refugio en un recinto dominado por el concreto.

 

La demanda: PETA contra el sistema de exhibición

La organización PETA ha presentado una demanda formal ante las autoridades competentes, exigiendo que Punch sea retirado del Zoológico de Ichikawa y enviado a un santuario especializado donde pueda recibir rehabilitación psicológica y social.

Desde la organización han declarado que mantener a un animal social en aislamiento forzado, dándole un objeto inanimado como consuelo, es una forma cruel de negligencia que solo busca atraer visitantes. Según sus portavoces, Punch no está jugando; está intentando sobrevivir emocionalmente en un entorno que no le ofrece los estímulos biológicos necesarios para su especie.

 

El detonante: Violencia tras las cámaras

La presión legal se intensificó tras la filtración de grabaciones no editadas por el zoológico. En estos videos se observa a Punch intentando integrarse con otros macacos adultos mientras carga su peluche. Lejos de ser una integración exitosa, los ejemplares alfa de la tropa reaccionaron con agresividad, atacando físicamente al pequeño Punch ante la mirada de los turistas.

Expertos independientes señalan que el uso del peluche dificulta aún más su socialización, ya que los otros monos lo perciben como un objeto extraño o una debilidad, lo que convierte a Punch en un blanco fácil de abusos jerárquicos.

 

La defensa del zoológico

A pesar de la creciente indignación, el Zoológico de Ichikawa mantiene una postura defensiva. Representantes del recinto han declarado que el proceso de integración de un ejemplar rechazado es naturalmente lento y que los enfrentamientos físicos son una parte necesaria de la comunicación entre primates para establecer rangos sociales.

Afirman además que el bienestar del animal está garantizado por sus cuidadores y que el traslado a un santuario externo podría ser más estresante que permanecer en su entorno actual. No obstante, la opinión pública parece estar girando en su contra, especialmente tras el éxito de campañas similares que buscan prohibir el uso de animales salvajes como objetos de entretenimiento viral.

 

El futuro de Punch

La demanda de PETA no solo busca el traslado del macaco, sino que pretende sentar un precedente legal sobre el uso de animales "huérfanos" en estrategias de marketing. El caso de Punch se ha comparado inevitablemente con el fenómeno de la hipopótama Moo Deng, cuestionando si la fama en internet es el peor enemigo del bienestar animal.

Mientras el proceso judicial avanza, la comunidad global observa con atención. El destino de Punch ahora depende de si la justicia considera que su "amor" por un peluche es una curiosidad turística o, como afirma PETA, una evidencia innegable de sufrimiento institucionalizado.