Signos del retroceso energético

México enfrenta retos energéticos y climáticos por reformas eléctricas que afectan inversión, energías limpias y compromisos del T-MEC.

Por Alejandro Ramos Magaña



México se encuentra actualmente en un periodo de recuperación post-pandemia, enfrentando desafíos económicos, energéticos y de salud pública persistentes. Adicionalmente, el país se encuentra en una situación crítica debido al incumplimiento de compromisos internacionales en materia de cambio climático, así como a acciones contrarias a los acuerdos comerciales internacionales y a la afectación de la inversión privada, lo que repercute negativamente en la competitividad nacional.


Las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica, promulgadas por el expresidente Andrés Manuel López Obrador en febrero de 2021 y que continúan vigentes, evidencian una tendencia hacia una política proteccionista, disfrazada de soberanía nacional, que vulnera los compromisos internacionales, particularmente el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) en materia de competencia económica, para la promoción y el incremento del uso de energías renovables.  Los riesgos asociados a estas reformas giran en torno a la centralización del mercado en la Comisión Federal de 
Electricidad (CFE), lo que representa un golpe hacia la inversión privada y el potencial aumento en la contaminación atmosférica, contribuyendo así al incremento del calentamiento global, dado que las plantas de este organismo operan principalmente con carbón y combustóleo, y en menor escala con gas natural.

 

El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 proyecta que, al término de este sexenio, la generación de energía limpia alcanzará apenas el 21.5% del total, lo que representa una reducción significativa del 23.5% respecto a la meta establecida para 2024.

 

Es pertinente recordar que la Secretaría de Energía (Sener) estableció como meta para el año 2024 una generación del 35% de energía a partir de fuentes renovables, y para el año 2030, aspiraba a alcanzar el 45% del total.  No obstante, la evidencia sugiere que estas metas, si bien reflejan buenas intenciones, no se traducirán en el cumplimiento de los compromisos ambientales, tanto a nivel global como regional.